Mostrando entradas con la etiqueta Jardin Korakuen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jardin Korakuen. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de agosto de 2011

La Magia del Jardín Nocturno

Serie: Veraneando en Momotarolandia 2


Ya he mencionado el Jardín Korakuen con anterioridad, sin embargo, en este verano tuve la oportunidad de verlo por primera vez bajo otra luz. Literalmente!.


Como una celebración más del verano, con sus días calurosos, muchas horas de luz, verdor incandescente y el despertar de las chicharras, el jardín es iluminado y abierto al público en un horario especial nocturno durante dos semanas.


Y conforme empieza a oscurecer, el jardín que otrora asemejaba al mundo de Alicia en el País de las Maravillas se transforma. Conforme las antorchas, los faroles y las luces acuáticas se encienden, poco a poco va adquiriendo un gusto místico.


Aquellos paisajes que me eran tan conocidos han resultado una nueva experiencia bajo esta nueva luz que acentúa y define estratégicamente, detalles que a la luz del día pasan desapercibidos.


Al ritmo de música japonesa, los visitantes se pasean vestidos con yukatas tradicionales por los senderos y las familias hacen día de campo nocturno. Por unas horas es más tangible como el jardín es parte de todos.


La iluminación nocturna del Jardín Korakuen es una fiesta que va más allá de la estación. Es una ocasión para apreciar nuevos matices de uno de los patrimonios más importantes de Momotarolandia, evocando costumbres tradicionales del pasado con la facilidades modernas. Y esa es precisamente, la magia del campo japonés.

sábado, 13 de agosto de 2011

Serie: Veraneando en Momotarolandia 1

El verano en Japón es una época de celebrar. No sólo es la estación donde los escolares tienen vacaciones, sino que además las condiciones de altísima humedad y temperaturas permiten jugar en el mar, usar ropa ligera y cosechar las frutas más deliciosas del año.


En Momotarolandia, la llegada del verano significa la cosecha de los famosos melocotones (momos) blancos de Okayama y las uvas Pione y Muscat de Alejandría. Yo, como gran golosa, confieso que comer tales frutas es mi motivación diaria para soportar semejante calor!. Porque en el "País del Sol" no hay tregua.


En Okayama hay 3 grandes eventos que se celebran durante el verano, precisamente en el mes de agosto, que es la época más caliente de la estación, por lo tanto los japoneses la llaman "manatsu" (真夏, se traduce algo así como "lo más intenso" del verano).

El primero de los eventos es desfile de los "Uraja", la fiesta donde grupos de bailarines representando demonios y ogros toman las calles principales de Momotarolandia.



El segundo evento es el "Festival de Momotaro", una fiesta que tarda varios días y culmina con un juego de pólvora inolvidable por su duración.


Finalmente está la iluminación del Jardín Korakuen, que abre sus puertas en una jornada nocturna para disfrutar sus inmediaciones literalmente, a otra luz.


Este post es solamente una introducción de lo que serán los post sucesivos cubriendo cada una de las actividades ya mencionadas. Ya que como todo en Momotarolandia, los matices son muchos para poderlos abarcar juntos. Les invito a acompañarme en esta mini-serie veraniega.

lunes, 27 de junio de 2011

El Jardín del Señor de los Momos

El Jardín Korakuen


Nada como ser un señor feudal con todo y castillo propio. Y mejor aún, poder darse el gusto de mandar a los vasallos a construir un jardín propio al frente, donde poder meditar, disfrutar del paisaje y la naturaleza e incluso practicar para mejorar sus habilidades en el campo de batalla.


El señor Ikeda quién reinó sobre el país de Bizen (antiguo nombre de Momotarolandia) en la segunda mitad del siglo XVI tuvo el gusto de mandar a construir su jardín sobre una isleta artificial en medio río Asahi. Hoy, a este lugar lo conocemos hoy como el Jardín Korakuen (後楽園).


Lo que no se imaginó Ikeda-san era que en pleno siglo XXI, su "humilde" creación no sólo ha sobrevivido a los embates de la guerra y de la historia, sino que además es uno de los tres jardines más importantes de todo Japón y por lo tanto, un patrimonio histórico y cultural del país.


En un terreno de 133 mil metros cuadrados, hay varias casas de té, altares y un templo sintoísta, pequeñas tiendas de "souvenirs" alusivos a Momotarolandia y por supuesto, una gran variedad de la flora más bonita de Japón.


El jardín Korakuen tiene también una gran superficie con pastisales y mucha agua. Tanto estanques como lagos albergan a mis queridos amigos los peces carpa, (鯉) a quienes, tanto niños como adultos con corazón de niño, disfrutamos alimentarlos con comida especial que allí se vende.


A lo largo del año turistas nacionales e internacionales se pasean por el jardín. Y no faltan las parejas de novios japoneses que la sesión fotográfica y ceremonia de boda en sus inmediaciones.


Me gusta ir al jardín Korakuen en cada estación porque los paisajes y el follaje cambian haciendo que siempre sea una experiencia distinta de algo ya conocido. Este verano tengo pendiente ir a la velada para observar la luna, donde se iluminan los predios del jardín y el castillo bajo la noche clara veraniega.


Desde los cerezos en primavera, los nenufáres y flores de loto en verano, los maples color fuego otoñales hasta la belleza dormida de la naturaleza en invierno, todo cambia y sin embargo, permanece constante. Esta filosofía del diseño japonés está plasmada en el Korakuen como un recordatorio vivo de gloriosos tiempos pasados y un futuro lleno de retos.

Indiferente a todo se mantiene el jardín del Señor de los Momos inmutable en el tiempo.


sábado, 11 de junio de 2011

Momotarolandia renace de las cenizas

Porque los momos también son fénix

Durante la Segunda Guerra Mundial, el 29 de junio de 1945 a las 2:43 am fue bombardeada la ciudad de Okayama, en tres ataques sucesivos.

El epicentro del bombardeo corresponde a donde actualmente se ubica el edificio "Creed Okayama" (desde donde se tomó la foto mostrada abajo). Este fue elegido estratégicamente por su posición para causar la mayor destrucción posible, tanto de lugares históricos como de las industrias, comercio y sistema ferroviario de la ciudad.


El ataque a Momotarolandia se extendió durante 83 minutos, durante los que 130 aviones norteamericanos lanzaron bombas de diverso calibre utilizando varios agentes químicos como gasolina y napalm. Como resultado, el radio de destrucción alcanzó 600 metros a partir del epicentro.

En total fallecieron 1700 personas (aproximadamente el 1% de la población en ese momento) y se destruyó un 33% de toda la ciudad incluyendo la Estación de Okayama (岡山駅), el Castillo del Cuervo (烏城) y el Jardín Korakuen(後楽園).

En el ranking de las posibles ciudades japonesas donde lanzar bombas atómicas, Okayama se ubicó en el puesto 31. Finalmente fueron las ciudades de Hiroshima (nuestra vecina al suroeste) y Nagasaki, los objetivos del ataque nuclear.

En este mes de junio se conmemora el 66 aniversario de la destrucción de Okayama, con una exhibición en el Museo Digital de Okayama. En la misma, se muestran fotos, objetos históricos, documentos de la época y testimonios de sobrevivientes. Pero lo más importante de la exhibición es el mensaje mostrado al final. Aún cuando nadie puede explicar el porqué de tanta destrucción ni la necesidad de la guerra y el sufrimiento que ésta trae. El país (Japón) no se detuvo y siguió adelante en el proceso de reconstrucción.


Momotarolandia no fue la excepción. En menos de un lustro se levantó de las cenizas, logrando reconstruir la mayor parte de la ciudad. Así mismo, con una gran inversión por parte de los residentes, se recontruyeron el Jardín Korakuen y el Castillo del Cuervo, los lugares históricos más emblemáticos. Logrando traer de vuelta fidedignamente, el esplendor y la belleza del Japón feudal.


Porque somos el producto de nuestra historia, nunca debemos olvidar lo que pasó.